Camino por las calles de Hermosa Provincia. Una vorágine de sentimientos sin que pueda evitarlo hace presa de mi corazón.
En algún momento de la vida, ¡qué no hubiera dado porque todo esto fuera verdad!. Paso a paso recorro las calles que durante tantos años caminé y en las que de alguna manera fui feliz. Por lo menos en mi mente espiritualmente infantil. Y es que la felicidad es mas alcanzable cuando se es niño, lo dice claramente el Apóstol a los Corintios. Pero cuando llega la madurez (siempre cuestionable desde los puntos que deseen verlo) las cosas son diferentes.
Veo a mi alrededor y me queda claro que Sí hay fe. Eso es incuestionable.
Hay mucha gente sincera caminando por las calles, hermanos sencillos, humildes en su corazón, pacíficos, caritativos. Los hay también trajeados que caminan altivos tratando de brillar en su acostumbrado deambular por la glorieta. Hay hermanos de los coros con sus uniformes, muchos sonriendo, otros criticando y muchos otros tratando de ligar un nuevo amor, es una inmejorable oportunidad.

Por todos lados está la omnipresente imagen del apóstol, el lo llena prácticamente todo. Este año unos grotescos perfiles del líder supremo cuelgan de algunos postes y todo en las calles parece gritar su nombre.
Saludo a los amigos, comparto con ellos unos momentos y continúo mis pasos por el tour que me doy por las calles de la ciudad “del gran rey”, el hermano Samuel, claro. Jesucristo aquí no reina en lo absoluto.
En otra ocasión este paseo por estas calles solía ser inspirado; cuando recibía las cosas puerilmente, cuando mi mentalidad era influenciable por lo que los pastores me decían, o también por aquello que quise creer a pesar de todo.
Terminada la dominical sobre “uniones prohibidas” las cosas vuelven a su normalidad. Uno puede estar emocionado hasta las lágrimas en una reunión y reconocer la capacidad de los exponentes, pero al final, solo quedará eso, un fugaz reconocimiento y a lo que sigue. Aunque este no es el caso. Orozco preside la dominical no por ser el mejor de los exponentes, pero sí por el grado de Obispo que ostenta. Torpe en el habla, en sus disertaciones y exagerado, Chuy nunca se ha distinguido por su inteligencia. Lo bueno es que en las fiestas, uno puede elegir estar un rato en una banqueta y después pasear entre los puestos comiendo con los amigos o comprando baratijas. Fuera de la primer cuadra del templo y unos cuantos metros a la redonda del templo, los miembros de la Iglesia no toman en serio las exposiciones. Siempre ha sido así.
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