Creo en la Iglesia… en personas que tienen un centro en común llamado Cristo.
No Creo en iglesias que tienen “centros” construidos de ladrillo, y pocas cosas en común.
Creo en la Iglesia que ora unánime con el fin de traer el reino de Dios a la Tierra.
No Creo en las iglesias que oran egoístamente, como si Dios fuera el criado en vez del Señor.

Inocentes por ignorancia, convencidos por Cristo, sencillos en su práctica y amantes del bien. De no ser por ellos, relativamente pocos, La Luz del Mundo no tendría ninguna joya divina, ni bendiciones que le hicieran verse cristiana, aunque subiera su número de apóstoles a 12, tuviera los templos más grandes del mundo, y una presencia como cualquier compañía norteamericana transnacional por toda la Tierra.

Cuando cerramos los ojos, oramos a Cristo, imposible dejar a un lado el error en que vivimos, porque hallemos razones para darle gloria a Dios por el milagro del que nos hizo dignos. De abrir los ojos y ver y oír con los oídos. Con mis ojos veo hoy la miseria en que vivimos. En el límite de la locura internamente confundidos, externamente convencidos…