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La decepción de la “elección”

Por Daniel Múnez

La Gracia verdadera de Jesucristo siga morando en sus corazones.

He querido escribir un poco para ti hermano de la iglesia que estás enfrentando el triste proceso del desengaño y la decepción de lo que un día creíste practicando como verdadero. Quiero compartirte que me es difícil poder resumir todos los mails que han llegado a nuestro buzón, a igual que los mensajes de quienes comentan sus experiencias sobre el tema, porque cada quien vive este trago amargo a su manera; sin embargo, en la gran mayoría se manifiesta una suma tristeza, un “no saber qué hacer” y un desconcierto causado por una grande decepción.

Aceptar que te mintieron es el primer paso

Te vendieron una bonita idea que no existe. Te endulzaron los oídos con el mito del apóstol viviente y no, no hay un hombre que hable con Dios en la Tierra cara a cara y que pueda perdonar tus pecados. No hay una denominación cristiana verdadera a la que tengan todos que afiliarse si quieren salvarse. No. Es una mentira. Tampoco lo es que debas ir a Guadalajara para renegociar un pacto de salvación con Jesucristo, así como es una falsedad que Dios haya estado presente en los cientos, quizá miles de cultos a los que asististe en tu vida, y en los se daba honra, gloria y adoración a Samuel, o a Naasón por encima de Dios. No. Dios no estaba ahí. Esas emociones que te hacían llorar en su mayoría fueron sentimientos hábilmente manipulados para que lo comprendieras como de parte de Dios, como muestra de su presencia. Y la “paz” final después de largas sesiones de llanto, por lo regular solo fue catarsis.

Lo sabes. Pero siempre tuviste miedo de afrontar la respuesta a tus preguntas: ¿de verdad estoy haciendo bien? ¿no estamos rebasando la honra y ya estamos adorando? ¿de verdad el que nos guía es apóstol a pesar de todos los pecados que pueda cometer? Y ahora que enfrentas las respuestas, te duele. Te duele mucho aceptar esa triste realidad.

Es posible que sientas que Dios te hizo una mala jugada, pero nada más lejos de la realidad. Él estuvo siempre ahí, a tu lado, cuando orabas, cuando te preguntabas, pero sobre todo, cuando leías Su Palabra. Sí, ese libro sagrado que el “apóstol” llama “letra muerta”. Recuerda un poco esa vocecita que te decía: “la honra y gloria solo pertenece a Dios”, “solo hay un mediador entre Dios y los hombres”, “lo único que se necesita para hablar con Dios es un corazón contrito y humillado”, “sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso”. ¿Podrías negar que esta voz continuamente habló a tu corazón? Y ¿podrías negar que algunas ocasiones preferiste acallar esa voz por el miedo a enfrentar las situaciones que podrían pasar si negaras la fe que tanto amaste, o esas historias que tanto defendiste y esos momentos en los templos que tanto disfrutaste? Cerraste la Biblia, dirigiste tu pensamiento a otra cosa y dejaste que la inercia te regresara a los templos parta volver a cantar himnos a Naasón en sus santuarios, aquellos que llevan su nombre y su escudo; recintos de culto que están repletos de sus símbolos para enajenarte hasta que lo sientas tan natural y lo defiendas como verdadero.

Así fue.

Pero llegó un día conocido de Dios: el arresto del hermano Naasón. Y todo un año se ha evidenciado mes tras mes, fecha tras fecha la madera de la que está hecho el “siervo de Dios” y sus íntimos amigos, los pastores incondicionales que dirigen la iglesia bajo sus órdenes. ¿Qué es lo que ha abundado en sus bocas? Mentira tras mentira de sus voceros, del Consejo de Obispos, de sus ministros. Dios mismo ha estado manifestando la realidad que muchos evaden al volver a los cultos del hermano Naasón, de las explicaciones que hablaban de su gloria, de su honor, de sus dotes divinas y su “enorme poder” sobre la Tierra. Tan pronto arrestaron al “apóstol” pediste a Dios que obrara y obró. Y así, pudiste ser testigo que cada vez más fueron saliendo a la luz los frutos del apóstol, las mentiras, los engaños, los actos viles, los testimonios de las víctimas. Sí, Dios obraba para que tú escucharas, para que tú vieras y al final de todo, decidieras.

Pero entonces vinieron las otras preguntas: ¿Y mis hijos?, ¿qué les voy a decir? ¿Qué hará mi familia cuando se los diga y cuando deje de asistir? ¿Y mis padres? ¿Tendré la fortaleza para sufrir su desprecio? ¿A dónde voy a ir después, a qué iglesia? ¿Realmente habrá una iglesia verdadera en el mundo? ¿Qué va a ser de mí sin mis hijos, sin mi esposo o mi esposa en caso de que me separen de ellos?

Cuando te permites aceptar la realidad no hay palabras para expresar tanto dolor, tanta tristeza y tanta decepción. El tiempo perdido, los años sacrificados por algo que Dios nunca pidió, obedeciendo órdenes de pastores creyendo que eran inspirados por el Espíritu de Dios y ofrendando todo lo que estuviera a tu alcance y aún más, a costa quizá de las necesidades de tu familia porque te dijeron que eso a Jesucristo le agradaba, porque Él lo pedía y porque era una manera de alcanzar tu salvación.

Y lo creíste.

Muchos temen tanto la realidad de vivir en un mundo sin la fantasía de una “iglesia verdadera”, que prefieren vivir en la mentira negándose la verdad.

La tristeza de la decepción

Muchos como tú que pasas por este trago amargo de la decepción de la “elección” pasamos noches en vela, a veces solo pensando y preguntando; a veces solo llorando en silencio cuando nadie nos oía. Pero nuestro llanto, nuestra pena, nuestra decepción hacía tanto ruido en nuestros corazones que no alcanzábamos a escuchar lo que Dios nos estaba diciendo.

Pensamos muchas cosas, a veces hasta negamos que Dios existiera porque nos dijimos que de existir no habría permitido la vil burla de la que fuimos objeto. Y eso que tratamos siempre de creer en Dios a costa de todo lo visto, de todo lo vivido y de todo lo que experimentado en manos de muchos pastores abusivos y desvergonzados incluyendo por supuesto, al “apóstol”. Algunas personas lo creyeron tanto que aún no pueden superar el trauma o están presos en una cárcel a punto de ser condenados por haber creído que lo que un “ungido de Dios” les enseñaba y les pedía, eran los deseos de mismo Dios.

Muchos han salido decepcionados, desengañados de la fantástica novela de ficción en la que vivían. Muchos han logrado hallar paz y camino en sanas y auténticas congregaciones cristianas. Algunos han dejado de creer en Dios y otros andan errantes sin saber a dónde ir, lastimados, heridos, desconcertados, estragos inequívocos que un alma registra por la práctica constante del sectarismo. Así son los daños que infligen las sectas. Sus doctrinas, ritos y prácticas se meten a tu alma como una droga de la que para volver a sanar hay que pasar por un duro proceso de desintoxicación. Se logra, pero el proceso es doloroso. Muchos temen tanto la realidad de vivir en un mundo sin la fantasía de una “iglesia verdadera” que prefieren vivir en la mentira que en la verdad y se regresan después de haber dado un paso a la libertad.

Realmente no sé cuál sea tu caso. Pero Dios lo sabe.

¿Se manifiesta Dios en LLDM?

¡Seguramente! Pero no más que en el catolicismo, en el mormonismo o inclusive en el islam. Es más, me atrevería a decir que la misericordia de Dios es tan grande e insondable que no nos alcanza esta mente limitada para comprenderla. De hecho, el verdadero apóstol Pedro lo dijo claramente:

“En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia” .

(Hechos 10:34)

En las oraciones de La Luz del Mundo Dios se manifiesta en los corazones sinceros de aquellos que le claman que le temen y que hacen justicia. Sí, pero también personas así existen en el catolicismo, testigos de Jehová, en el mormonismo e inclusive en otras religiones que no son cristianas. Porque, ¿no dice la Biblia que Dios hace nacer su sol sobre malos y buenos, sobre justos e injustos? La misericordia y el amor de Dios no pueden estar limitados a los caprichos de una familia que se considera fábrica de apóstoles y matriz de la verdad. Eso tampoco significa que Dios está de acuerdo con las prácticas de todas las religiones, en absoluto. Algunas veces Dios respondió nuestras súplicas en las oraciones LLDM, en ocasiones nos tocó con su presencia y nos guió con su Espíritu por su Gracias y misericordia, pero las otras, las muchas otras por lo regular fueron nuestros propios sentimientos hábilmente manipulados para generar un estado de bienestar, de alegría y de júbilo al que nos enseñaron a llamar “caer en bendición”. También, en la iglesia aprendimos a orar con voz fuerte sintiéndonos lo peor delante de Dios acompañando nuestras súplicas con un abundante llanto y al final, sentíamos que nuestra alma “descansaba”; a esa sensación le llamamos “paz”, paz que por cierto, no perduraba con el tiempo.

Dios no se manifiesta donde se le da culto a Naasón

Pero hay otra verdad que debemos subrayar: que aunque es grande la misericordia de Dios, Él aborrece el pecado y la idolatría es uno de los pecados que más abomina. La santidad de Dios NO tiene comunión con las tinieblas (Isaías 59:1 y 2a de Corintios 6:15). No, DIOS no está en las reuniones donde se le rinde CULTO a Naasón, así que, toda esa alegría, ese júbilo, ese sentir que te “arrebata y hace saltar tu alma” como dice un alabanza que cantan en los templos NO es Dios, es el adversario que se complace en confundirte y se solaza en guiar al hombre hacia su perdición. Recuerda que alguna vez los filisteos pusieron el Arca del Pacto junto a una escultura de su dios Dagón y Dios después demostró que no tolera la adoración a otros dioses pues terminó por derrumbarlo habiendo cortado sus manos y cabeza (1a de Samuel 5:1).

Sí, a veces Dios nos tocaba con su presencia en la iglesia por su misericordia, porque errábamos sin saber y necesitábamos de Él. Pero, ¿qué pasa cuando ya tenemos conciencia que lo que se hace en LLDM es idolatría? ¿Acaso Dios nos tiene por inocentes? ¡De ninguna manera! La Palabra de Dios dice que somos inexcusables, porque Dios a todos nos ha provisto de inteligencia y además, nos ha equipado con una conciencia y cuando ella te dice que esos actos de culto a Naasón, esas ideas de religión única y verdadera no provienen del cielo, entonces ya no eres inocente, eres completamente responsable (Romanos 2:1). Y permíteme decirte, a eso también muchos le tenemos miedo, a la responsabilidad.

Buenas nuevas que confortarán tu alma

La realidad de la verdad es incomparable con la fantasía de la mentira: la iglesia de Jesucristo es muchísimo más grande que una denominación.

Pregúntate: ¿realmente Jesucristo si viviera en este tiempo en la Tierra estaría a gusto sentado en el trono de la Hermosa Provincia? ¿O estaría compartiendo su lugar como Redentor y Salvador con algún mortal? ¿Lo haría feliz ver inmensos y lujosos templos, coros monumentales y un hombre que usurpara su lugar de intercesor en la congregación? La respuesta es un rotundo NO. La idea de una denominación única cristiana es una herejía hábilmente diseñada para engañar, para vivir a costa de los demás, para manipular la fe sincera de muchos que necesitan alimentar su ser espiritual, como el mormonismo, el russellismo y el luzmundanismo en el que alguna vez vivimos (o vivimos aún).

Déjame compartirte una verdad: Jesucristo es muchísimo más grande que una denominación, Él está en donde se predican, se practican, se viven las bases del cristianismo original. La soberbia de la política o constructiva, la grandeza de las multitudes es cosa de las sectas, no de Jesús. La humildad, la sencillez de corazón, la bondad ¡el amor!, todo esto es cristianismo y solo eso quería Cristo de Su Iglesia, por eso la Escritura dice: “ahí donde estén congregados en Mi Nombre, ahí yo estaré en medio de ellos” (Mateo 18:20). ¿Y los templos? ¿Y las fastuosas ceremonias? Todo eso es sectario. Lo que Dios quiere verdaderamente es un corazón contrito y humillado, Salmo 51:17.

Cuando alcanzamos esta comprensión, cuando dejamos de ver las cosas desde la perspectiva que nos venden las sectas que se proclaman como “únicas y verdaderas”, entonces comprendemos que el Plan de Dios es grandioso, maravilloso e increíblemente redentor. Y podemos sentir, podemos ver a un Jesucristo redimiendo corazones por toda la Tierra siendo la esperanza de millones, efectuando su obra redentora a través, no de un hombre mortal preso por sus delitos o de una institución religiosa que ha demostrado ser más una empresa que una iglesia, sino a través del Espíritu Santo que actúa en cada uno de los millones de creyentes que aceptan al Hijo de Dios como su único Salvador.

¡Eso era lo que Dios quería cuando nos envió a su Hijo! Los reyes de Israel tuvieron su tiempo y terminó. Los sacerdotes levíticos tuvieron su tiempo y terminó. ¡Los apóstoles tuvieron su tiempo y también terminó! Por eso dice Jesucristo que sería el Espíritu Santo quien nos guiaría cuando Él partiera a la diestra del Padre (Juan 14:26). Los apóstoles ya no existen, no porque Dios carezca de poder para levantarlos, sino porque su tiempo ha pasado. Hicieron su trabajo, efectuaron su parte en el edificio y fueron a su lugar junto con sus condiscípulos. Ese fue el plan desde siempre. Hoy el Espíritu Santo de Dios guía a toda verdad y a toda justicia a los cristianos de todo el mundo sin la exclusividad de una denominación (Romanos 8:14), y no se limita solo a los que se sientan separados en los templos, o a los que usan cabello largo o corto, o si oran de rodillas o de pie. La contrición no está en el cuerpo sino en el corazón y Dios no mira lo de fuera, Él mira el interior (1 de Samuel 16:7). Miles de congregaciones cristianas en el mundo se esfuerzan por conservar los principios básicos del cristianismo, por ponerlos en práctica y por predicarlos a los que no conocen a Jesucristo.

Cuando alcanzamos esta comprensión… podemos ver a un Jesucristo redimiendo corazones por toda la Tierra.

Tiempo de sonreír

Así que, hermano que orabas por respuestas de Dios, Él ya te ha dado todas. Seca tus lágrimas, deja de velar por las noches, limpia tus mejillas porque ¿acaso crees que Él solo ilumina tu conciencia para dejarte después a la deriva? ¡No! El pone en ti el hacer como el querer (Filipenses 2:13), y si nosotros como cristianos no solo aconsejamos cubrirse al que tiene frío sino que también le damos con qué cubrirse, cuánto más nuestro Padre Celestial cuidará de nosotros y nos dará lo necesario para superar esta etapa amarga de la decepción que nos ha causado la “elección”.

¡Quisiera decirte tantas cosas! Quisiera tener las palabras adecuadas para darte consuelo, quisiera poder abrazarte para decirte que tengas confianza, que Él te está sosteniendo y que sea cualquier cosa que decidas Él no te abandonará. No importa si te quedas un tiempo más en la iglesia tratando de entender qué es lo que sigue y cómo, o si renuncias hoy y dejas de asistir mañana. ¡No importa! Cada quién lo hace a su paso, a su tiempo. ¿O acaso el padre de familia no sabe que todos sus hijos son diferentes y los ama a todos por igual teniéndoles la paciencia necesaria a cada uno? Pues así es Dios y así es nuestro hermano mayor Jesucristo con cada uno de nosotros (Salmo 86:15)a

Así que no desfallezcas, que no se turbe tu corazón más de lo necesario. No le des más a la mentira de lo que ya le diste. Ahora es tiempo de volver los ojos a Dios y disfrutar de su compañía libre de legalismos, de ritos sin sentido, de dogmas y de fábulas hábilmente compuestas. El plan de Dios sigue en marcha y abarca a millones de almas más que lo que una secta puede lograr, y en ese plan estás tú hermano, lo sabe tu corazón, lo sabe tu entendimiento y lo sabe Dios.

Espero que el Dios que me abarcó con Su Gracia te haga sentir lo que siento al escribirte estas humildes líneas y que tus ojos se humedezcan como los míos al comprender la maravillosa obra que Él hace mediante su espíritu, en millones de cristianos nacidos de nuevo que literalmente están por toda la Tierra.

La “elección” nos decepcionó. Pero esa decepción, nos envió a los brazos de Cristo.

Gracias sean dadas a Dios.

  • Teresa martinez
    14 diciembre, 2020 at 22:36

    Excelentes Palabras

    • Daniel Muñez
      21 diciembre, 2020 at 12:56

      Gracias Teresa.

      Pedimos de tus oraciones.

  • Efrain Pérez
    27 diciembre, 2020 at 10:20

    Mi proceso fue difícil. Caí en. Una fuerte depresión que casi termina con mi vida . Cuando desperté de esa inconsciencia en el hospital . Sentí una paz enorme y entendí que tenía otra oportunidad. Los rencores se fueron y mi vida dió un paso cuantico muy importante. Hoy a 7 años de salirme de la secta. Mi vida nuevamente ha tomado sentido . Hoy ya no busco a Dios en ningún lugar que no sea mi interior . Desperté . Despertó mi consciencia . Y se abrieron un sin fin de posibilidades en mi vida ! Gracias por qué se que fue perfecto todo lo que viví . Por qué gracias a ello ahora estoy en dónde estoy.

    • Daniel Muñez
      12 enero, 2021 at 16:49

      Buenas tardes Efraín.

      No tienes idea de cuánto nos da gusto conocer tu testimonio porque decidiste compartirlo.

      Estamos convencidos que muchos de los que nos visitan se verán ayudados por tus palabras y no sabemos, muchos se reflejan en tu experiencia y lograrán salir. No será nada fácil, pero al final con la ayuda de Dios si eres creyente se puede lograr.

      Nos da mucho gusto que ya lo hayas superado y te deseamos bendiciones. No dejes de visitarnos y darnos tu opinión.

      Dios te siga bendiciendo.

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