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Templos LLDM LDS IC y PDS

Soberbia. La verdadera razón de los templos LLDM

Por Nathán Adoniram

Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Santiago 4:6

¿Ordena Dios que se construyan templos a su grandeza?

Es literalmente imposible conducir un auto por la interestatal 69 de Houston, Texas y no observar el imponente templo de mármol estilo greco-romano-azteca que se encuentra a un lado del freeway. Lo mismo pasa si nos acercamos a la colonia Hermosa Provincia de Tapachula Chiapas en México, donde desde lejos se puede observar un templo de diseño musulmanoide rodeado de extensos jardines, pretendiendo ser un émulo mexicano del bellísimo monumento Taj Mahal en India. No se diga del templo Sede Internacional de La Luz del Mundo en Guadalajara México, el cual merece un capítulo aparte por su diseño futurista y sus impresionantes dimensiones.

¿Por qué el luzmundanismo construye templos de semejantes dimensiones? Siendo que se considera una religión cristiana ¿cuáles son las razones bíblicas en las que basan su construcción? ¿Los cristianos somos llamados a la edificación de gigantescos y ostentosos templos?

Recordemos un poco de historia

El Tabernáculo de Reunión

Recordemos un poco la historia bíblica sobre el tema. Dios ordenó a Moisés la construcción de un Tabernáculo de Reunión (“tienda”, en hebreo) tan pronto fueron librados de la esclavitud de Egipto, unos 1500 años antes del nacimiento de Cristo (Éxodo 27). Este era, precisamente, un espacio móvil, una tienda desarmable donde se rendían holocaustos y adoración a Dios. El mismo Jehová dio indicaciones precisas para su construcción y funcionamiento, desde la tribu de Leví que se encargaría del sacerdocio, los servicios religiosos y la misma ropa que los levitas deberían usar en ellos. A pesar de ser una tienda móvil, fue hecha con los materiales finos y piedras preciosas con que los israelitas contaban. Jamás, mientras Israel caminó por el desierto hubo más de un Tabernáculo.

El Templo de Salomón

Tiempo después, aproximadamente en el año 961 a.C. Salomón dedica el Templo de Dios en Jerusalén. Una edificación financiada pueblo de Dios de manera voluntaria con materiales finos y piedras preciosas, así como maderas finas traídas del extranjero. Este Templo suplió al Tabernáculo de Reunión y, al igual que en éste, se encontraban los utensilios para los servicios sagrados entre los que podemos nombrar, el menorá y el Arca del Pacto en cuyo interior reposaban las tablas con los 10 mandamientos, el maná y la vara de Aarón reverdecida. Ningún Israelita podía ofrecer holocaustos a Jehová si no era en el Templo, por ello, cada israelita tenía por obligación acudir tres veces al año a Jerusalén.

¿Recibieron órdenes los primeros cristianos de edificar templos a la gloria de Dios?

El verdadero apóstol Pablo dijo que Dios ¨…no habita en templos hechos por manos humanas”. De hecho, no existe ninguna referencia en tiempos de la Gracia (Nuevo Testamento), donde Dios, Jesucristo o los apóstoles ordenaran la construcción de santuarios para realizar servicios sagrados. De hecho, todo lo contrario, pues cuando la samaritana le dice al Maestro que los judíos decían que el templo de Jerusalén era el lugar indicado para adorar, Jesús le respondió:

Créeme, mujer, que se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adorarán ustedes al Padre.

Juan 4:20

Efectivamente, Jesucristo está diciendo que llegaría el tiempo en que el único Templo de Israel sería destruido, no quedaría piedra sobre piedra y así, ningún Israelita debería acudir a un solo lugar para rendir adoración a Jehová.

¿Dónde predicaba Jesús?

El Maestro no tenía un lugar específico para enseñar, de hecho, lo hacía en cualquier lugar: predicaba a la orilla del mar de Galilea (Lucas 5:1-25). También, cuando estaba en Jerusalén acudía diariamente a los atrios del Templo para enseñar, no para dirigir cultos, pues de esto dicen las escrituras que Jesús respondió a quienes lo acusaban falsamente: Yo públicamente he hablado al mundo, siempre he enseñado en la sinagoga y en el templo, donde ser reúnen todos los judíos y nada he hablado en oculto (Juan 18:20). Recordemos que Jesús no era sacerdote, (de la tribu de Judá, no levita), no podía ministrar en el Templo y había reglamentos estrictos de la ley para la adoración en el él (Lucas 2:1). También compartía las buenas nuevas en las sinagogas cuando podía, dado que él era judío, (Lucas 4:18). Asimismo predicaba en las casas (Marcos 2:2) y compartía las Buenas Nuevas haciendo milagros en las calles, en los caminos y en todo lugar donde se pudiera compartir la Palabra que su Padre le había entregado.

¿En qué fundamenta LLDM la construcción de sus templos?

Como bien sabemos, convenientemente LLDM no acostumbra publicar en medios escritos las doctrinasque los definen, por obvias razones. Y cuando lo hace, siempre con la consigna del autor de que no presenta la versión oficial de la iglesia, sin embargo, en una de sus revistas oficiales, La Luz del Mundo publicó un artículo firmado por el ministro sajofita (en ese entonces) Rubén Valencia Nuño para apoyar la doctrina según la cual, Dios ordena que se construyan templos a su grandeza. En el párrafo 3 dice lo siguiente: “Al paso del tiempo, cuando Cristo anduvo sobre esta Tierra, ya había templos edificados para adorar a Dios”. En esta parte de su disertación, el ministro luzmundano comete un error, en el antiguo Israel regido por la Ley, no había muchos templos dedicados a Dios, pues solamente era uno. Los centros judíos de reunión para el estudio eran las sinagogas, y en estas no se realizaba de ninguna manera el culto específico que se llevaba a cabo en el Templo de Jerusalén. De hecho, como bien sabemos, los judíos no podían ofrecer sus holocaustos en el lugar que quisieran.

El ministro, sigue exponiendo algunos versículos donde podemos ver que Jesús se llenó de celo al ver que habían transformado la Casa de Dios en una “cueva de ladrones” (Mateo 21:13) y también, el versículo donde los apóstoles se allegaron a él cuando salía del Templo (Mateo 24:1). Concluye de estos dos versículos: “en estos pasajes… se puede comprobar que en el tiempo antiguo ya había templos edificados a Dios”. Y nuevamente repite la misma falsa conclusión, “había templos dedicados a Dios”. Pero no, no había muchos templos en Israel, ni siquiera dos, pues Dios solo había autorizado uno, y a ese se debía asistir tres veces al año para ofrecer holocaustos y sacrificios.

Más adelante, el escrito sigue diciendo: “además, encontramos en las Sagradas Escrituras la forma en que los hijos del Altísimo le edificaban templos o santuarios para adorarle, en (Crónicas 2:2) dice: Contó Salomón sesenta mil hombres que llevasen carga y ochenta mil que cortasen en el monte. Veamos cómo el pueblo con su esfuerzo se esforzaba por cumplir los deseos del rey Salomón, siervo de Dios”.

No, Dios no ordenaba templos ni santuarios en Israel, sólo ordenó uno, primero el Tabernáculo de Reunión en el desierto, y el Templo edificado por Salomón en Jerusalén (varias veces restaurado).

Favor de no fijarse en la falta de ortografía.

Entonces

¿Dónde adoraban y predicaban los primeros cristianos?

Antes que el Templo fuera destruido por los romanos en el año 70, los primeros cristianos predicaban al igual que su Maestro en las calles, o en el Templo mismo; también lo hacían de casa en casa, a las orillas de los lagos o en los caminos, también en los mercados y en todo lugar donde se pudieran compartir las Buenas Nuevas. Pero, ¿dónde adoraban? También, al igual que Jesucristo les enseñó, lo hacían en las casas donde también compartían los alimentos. De hecho, la primera Cena del Señor se llevó a cabo en un “aposento alto”, preparado por los discípulos para ello. No se requirió de ningún templo especial (Hechos 1:13)

Cuando la profecía sobre el Templo se cumplió y fue destruido, ¿dónde se congregaba la naciente iglesia para adorar a Dios y escudriñar las Escrituras? Pues en los mismos lugares donde se reunían mientras el Templo estaba en pie: en las casas de los nuevos cristianos. De hecho, es importante subrayar que en el Templo se realizaban los holocaustos, ritos y ofrendas tal y como la Ley de Moisés especificaba, no había espacio dentro del él para un culto cristiano. Al no haber Templo los cristianos no perdieron su lugar de adoración, todo lo contrario, al adorar en las casas estaban cumpliendo las palabras de Jesús: el lugar de adoración se había extendido a todo lugar donde hubiera dos o tres congregados en SU Nombre (Marcos 18:20), ya que el Templo tenía un límite de existencia en el Plan divino.

Jesús no enseñó que su Padre quisiera que se construyeran templos a su grandeza

En ninguna parte de las Escrituras que dan cuenta de la vida de Jesús y el nacimiento de su Iglesia encontramos nada parecido a esta premisa luzmundana; todo lo contrario. El mismo versículo anterior nos aclara que en el cristianismo no hace falta más que dos para poder adorar a Dios en el Nombre de Jesucristo. Así, sin grandes y costosas construcciones.

Veamos varios ejemplos de dónde adoraban los primeros cristianos:

  • Cuando Templo existía, se reunían en los atrios y compartían el pan en las casas (Hechos 2:46).
  • “Las iglesias de Asia les envían saludos. Aquila y Priscila, junto con la iglesia de su casa, les envían muchos saludos en el Señor” (1 Corintios 16,19).
  • De hecho, Pablo llama la atención sobre excesos de la Cena, por lo mismo, eran casas particulares que permitían a los dueños cierta familiaridad (1a Corintios 11.17).
  • Pablo escribe a la Iglesia que está en la casa de Filemón (Filemón 2:1).

Entonces ¿en qué se basa el luzmundanismo para justificar la construcción de sus templos?

En las mismas razones que el catolicismo. Para esta religión -rama del cristianismo-, el crecimiento de la Iglesia obligó a la construcción de templos grandes dignos del Dios adorado. Hasta la oficialización del catolicismo por Constantino, los cristianos adoraban en casas, y cuando eran perseguidos, hasta en las catacumbas. Cuando el catolicismo se vuelve la religión oficial del imperio comienza la construcción de basílicas y grandes y ostentosos edificios para mostrar su poder recién adquirido. Este modelo de edificio romano serviría para los nuevos templos del cristianismo-catolicismo. La era de las construcciones imponentes y gloriosas había nacido. La iglesia católica tomó del antiguo imperio romano la idea de expresarse a través de imponentes y “gloriosas” construcciones.

Pero esa religión, ya no era el cristianismo.

En el documento “Los primeros templos cristianos” encontramos lo siguiente:

“Hasta la paz de la Iglesia no existe una arquitectura cristiana que constituya tipos artísticos concretos y tenga en ellos su funcionalidad litúrgica explícita y apropiada… Estos loca ecclesiastica (lugar de la iglesia) eran propiedad de las comunidades y estaban situados, por lo general, en edificios privados.
Este estado de clandestinidad… de la Iglesia del siglo III va a cambiar radicalmente con el edicto de Constantino del 313… al desarrollar una política directora de la Iglesia que llevará a la monarquía teocrática. Constantino, los monarcas posteriores… son propulsores de grandes construcciones”.

https://www.historiadelarte.us/arte-paleocristiano/los-primeros-templos-cristianos/

Así comenzó la idea “cristiana” de construir grandes templos más acordes a los templos de su época imperial. Y no es de sorprender que los templos católicos primitivos se parecieran más a los templos paganos de su época, siendo la basílica el modelo a seguir. Y así, se fueron edificando en el transcurso de la historia gigantescos y lujosos templos que eran la envidia y fomentaban la competencia con los templos de otras religiones, como el Islam. Un ejemplo de ello lo tenemos en la Catedral de Santa Sofía en Constantinopla (hoy Estambul), admirado y envidiado por el mundo musulmán. Años más tarde fue convertido en mezquita y tratado de igualar con la edificación de la nueva Mezquita Azul.

Pero se nos iría el tiempo al hablar de los lujosos y altísimos templos de finales de la Edad Media y Moderna en Europa, y con los que el catolicismo pregonó su imperio religioso en todo el mundo. Pero, lo importante, es entender en dónde tiene el origen el imperioso deseo de La Luz del Mundo por construir templos. No, no es el deseo de Dios, ni de Jesucristo; su origen es la competencia por la primacía religiosa en donde quiera que LLDM pone sus pies.

Pero regresemos un poco a la historia del pueblo cristiano.

Pensemos; si Dios no quiere templos a su grandeza ¿por qué ordenó la construcción de un único Templo en Jerusalén? Respuesta: Porque ese templo, al igual que muchos aspectos de la Ley, simbolizaban y eran figura de Jesucristo.

Jesucristo, el verdadero Templo

Dios prometió habitar en el Tabernáculo, “después me harán un santuario, para que yo habite entre vosotros”, lo dice en Éxodo 25:8. Tiempo después, el Templo suple al Tabernáculo y se manifiesta la presencia de Jehová de una forma maravillosa (1 de Reyes 8). Pasado el tiempo, se cumple la promesa de Dios sobre habitar entre su pueblo:

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.

Juan 1:14

Jesús mismo, la noche antes de su muerte, en la Santa Cena, anunció la inauguración del nuevo pacto basado, no en la sangre de animales sacrificados en el Templo, sino en su propia sangre (Mt 26,28) El tiempo del Templo construido con materiales físicos había llegado a su fin. Y no tardaría muchos años más en estar de pie; en el año 70, sería totalmente destruido. El Muro de los Lamentos que hoy existe en Jersualén, no es parte del Templo original, reedificado tres veces en su historia. De hecho, fue el mismo Jesús quien se refirió a esta destrucción, “derribad este Templo y en tres días lo levantaré”.

Y así fue. El templo simbólico fue destruido para dar paso al real y verdadero, es decir, a Jesucristo.

Esa es la razón por la cual los primeros cristianos NO construían templos. No solo porque Dios no lo ordenó, sino porque no era parte de Su Plan. Ahora que Dios habitaba entre su pueblo, los templos se volvieron obsoletos e innecesarios.

Pero ¿qué pasaría al no estar ya Jesús el templo cuando éste partiera al cielo?

El mismo Maestro lo dijo:

Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.

Juan 14:15-17

Sí, cuando llegara el Espíritu Santo a los discípulos, entonces cada uno de ellos se convertirían en TEMPLOS del Espíritu de Dios. Así que, después del día del Pentecostés, cada fiel, cada creyente, se convirtió en un verdadero templo del Espíritu. Lo confirma el Apóstol Pablo :

¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, Y seré su Dios, Y ellos serán mi pueblo.

2a de Corintios 6:16

Muy bien, pero, entonces, ¿dónde deben reunirse los cristianos modernos para adorar a Dios?

Como todos sabemos, la principal adoración es la vida misma, no la de multitudes de cánticos y súplicas entre coros de voces adiestradas. Lo aclara el mismo Dios cuando dice, “este pueblo de labios me honra”, y después “quita de mí la multitud de tus cantares”. Los antiguos israelitas creyeron que todo se reducía a la adoración en el Templo y abandonar una vida de santidad. El mismo Jesús recuerda: “así alumbren vuestras buenas obras… para que (los hombres las vean) y glorifiquen a vuestro padre que está en los cielos¨. El templo de Dios, que es el cuerpo debe manifestar buenas obras, porque son claro resultado del Espíritu que mora en él (Gálatas 6).

Los verdaderos cristianos no están llamados a construir grandiosos ni lujosos templos; es más, no somos llamados a construirlos. No existe nada, absolutamente nada escrito sobre ello en el Nuevo Testamento, y no por casualidad, sino porque así no lo quiere ni Dios, ni Cristo.

Los lugares de reunión sí hacen falta, pòr supuesto, pero su arreglo debe ser modesto, exactamente como el vestir y actuar de los que ahí concurren para llevar a cabo la otra parte de la adoración que todo cristiano debe dar a Dios, los cánticos, las súplicas, la comunión del Cuerpo de Cristo y el estudio de Su Palabra. La otra parte de esa adoración, por supuesto, es la santidad de la vida fuera de los lugares de reunión, que si bien no son Templo en el sentido estricto del significado y función del Templo de Salomón, sí podemos llamarlos: templo, salón, auditorio, casa de oración, etc.

Los templos en LLDM

En contraparte a la enseñanza bíblica neotestamentaria, el luzmundanismo exhorta a los fieles a conseguir los recursos económicos para construir sus templos con materiales costosos dignos del Dios que dicen adorar, usando para ello los versículos donde se habla de los materiales finos y las piedras preciosas con que se construyeron el tabernáculo y el posterior Templo de Salomón varias veces restaurado. También se les insta a los hermanos de La Luz a la generosidad y entusiasmo que el pueblo mostró por ambos proyectos. Pero, sobre todo, porque no se construye cualquier casa, sino la Casa de Dios y la Puerta del Cielo. “Él -les dicen- merece lo mejor”.

Y así, comienzan las cooperaciones que ya todos sabemos y de las que la mayoría de los que fuimos luzmundanos participamos. Ya sea que nos hubiéramos comprometido con alguna cantidad fija mensual, con dar un día de trabajo a la semana o sea que participáramos en vender antojitos o tamales en las vendimias para tal fin. Algunos voluntariamente, otros voluntariamente obligados, pero todos con la finalidad de edificar la Casa de Dios. Siempre habría un premio especial al terminar la construcción del templo local: la visita del “apóstol” de Jesucristo el día de su dedicación. Aunque a veces, como hoy que no puede salir de la cárcel en donde está, el premio anhelado nunca llegara.

Y así, templos modestos o templotes gigantes como el de Houston USA, Tapachula, Vallejo, Fortín en México y el de la capital de El Salvador, todos buscan (según), agradar a Dios. Al mismo tiempo que ser un recinto exclusivo para la adoración al Creador y llevar a cabo en ellos los servicios sagrados y ser una alegría para el “siervo del Señor”. Y aquí surge otra razón: “ser predicadores mudos de la obra bendita del Señor”. Lo cierto es que Dios, por lo menos el Dios del cristianismo no halla alegría ni gozo en los sacrificios que los fieles realizan para edificar estas construcciones.

Es cierto que el luzmundanismo, para variar, usa también su doble discurso para lograr sus propósitos en los inmuebles religiosos. Están conscientes de que estas construcciones no son morada de Dios, ya que el mismo Salomón lo expresó: “He aquí que los cielos de los cielos no te pueden contener”, aunque le llamen “Casa de Dios y Puerta del Cielo”. También, reconocen cuando están de buenas y quieren disimular con alguna predicación que suene cristiana que el templo no es la construcción, sino la Iglesia misma, como parte “del cuerpo de Cristo”. Los versículos sobre Casa de Dios solo son útiles para motivar en la construcción de los templos “construidos a la gloria de Dios”.

Ya vimos que Dios no desea templos grandiosos a su Gloria; Ni le hacen falta, ni ÉL habita en ellos. La construcción de templos gigantes forma parte de las doctrinas católicas que la mayoría de las iglesias cristianas históricas que le siguieron. Entonces, si Dios no ordena edificar templos ni se agrada de los sacrificios que significan ¿a quién estçan dedicados realmente los templos del luzmundanismo?

¿A la gloria de Dios o a la gloria de Naasón?

Cuando un templo de la Luz del Mundo es inaugurado (consagrado, dedicado), la placa que se devela indefectiblemente tiene la siguiente leyenda: “A la gloria de Dios, templo CONSTRUIDO por el excelentísimo apóstol Naasón Joaquín García” (aunque el líder no haya puesto un dólar, un peso, un bolívar o un euro para su edificación). Al ingresar al interior, podemos ver prevalece el color oficial de la llamada “Nueva Era”, es decir, el azul que Naasón escogió para su administración.

También podemos observar la saturación naasonita en la decoración, ya que por doquier abunda el logotipo oficial del “apóstol”: en las puertas de entrada, en la fachada, en los remates de las bancas, en las ventanas, plafón, pasamanos, pisos, y por supuesto, gigantescos logos “apostólicos” dominan el altar. La frase “Mi tiempo ha llegado” domina la perspectiva de casi todos los templos luzmundanos, (la frase: “Santidad a Jesucristo” solo es parte de un disfraz pandémico, “adornos de temporada”, según lo dejó entrever el vocero Silem García).

El estilo naasonita abunda aún más el día de la inauguración, lo que menos se canta y se habla es de Dios. Ningún himno es suficiente para cantar las glorias de Naasón. Y Jesucristo, por supuesto brilla por su ausencia.

Todo esto, nos deja ver claramente, que los templos de La Luz del Mundo, no están dedicados a Dios. No al Dios cristiano. Más bien, están dedicados, consagrados y construidos a la gloria del hombre que se ha vuelto dios de ellos: Naasón Joaquín, y para orgullo de su empresa religiosa familiar, La Luz del Mundo.

Si los templos LLDM no son deseo del verdadero Dios,
¿de quién entonces?¿cuál es su propósito?

Al igual que de la iglesia católica de la que copia y aprende muchas de sus ideas, los líderes de La Luz del Mundo piden que sus fieles construyan para demostrar al mundo político, a las demás religiones y a la sociedad su PODER terrenal. “Aquí estoy y me voy a quedar”, “vean el poder económico, la presencia que poseo”, “tengo el templo más grande de Latinoamérica”, “tenemos cientos de templos grandes y lujosos”, “mira, ya te estoy alcanzando”.

No es una coincidencia que Samuel, padre de Naasón, ordenara la construcción del templo conocido como la “Torre de la fe” y de un fraccionamiento luzmundano en un lugar estratégico que es bastión del catolicismo mexicano, sobre ello escribimos en su momento un artículo en este mismo blog. La competencia por la fe en el Cerro de Cubilete es más que descarada. Por cierto, también ordenó una reunión religiosa el mismo día que el Papa Benedicto XVI visitara Guanajuato. Estas mismas “coincidencias” nos remiten al verdadero propósito de muchos templos luzmundanos: EL PODER, el poder de todo tipo. Sobre todo, porque cuando se construyó el fraccionamiento mencionado, LLDM no tenía los suficientes fieles en Guanajuato para habitarlo. De hecho, este estado mexicano es donde LLDM tiene menos presencia en el país.

A la gloria de los Joaquín

Otra de las razones verdaderas por las cuales los Joaquín enseñan que se deben construir templos, es por su propia gloria. Porque ya hemos analizado, los templos no son construidos a la gloria de Dios, sino a la gloria del nombre que llevan dentro, esto es, a Samuel antes y a Naasón Joaquín ahora. Para el joaquinismo es importante que en ellos se escriba su nombre, sus iniciales, se pinten de “su color” y dentro de los cultos, se canten loas a sus nombres, a sus victorias y a su gloria. En estos santuarios se leen sus cartas, se les rinde honra-adoración y se ora por ellos.

No hay que olvidar que el sitio principal de todo lugar de culto de La luz del Mundo tienen un trono que únicamente puede usar el rey de los luzmundanos. Lugar que en otros templos cristianos estaría dedicado a la cruz, a la imagen de la virgen, una Biblia o un verso bíblico. Sí, los templos son construidos para honrar-adorar a Naasón y para proclamar su soberbia y la de los ungidos de su dinastía apostólica.

El sentimiento luzmundano hacia los templos

Desde pequeños, se le enseña a los niños a asistir diariamente al templo, a orar en él, a oír las predicaciones en él. A los niños y a todos los miembros se les enseña que el templo es el lugar consagrado para los actos sagrados y, aunque Dios está en todo lugar, el templo es el lugar ideal para la adoración. También, se les enseña que como casa de Dios merece todo lo mejor, lo caro, lo lujoso, y son los miembros quienes deben cooperar para hacer del templo un lugar “digno” de adoración, porque Dios, les dicen “se merece lo mejor”. Y así, justificados en versículos que hablan sobre los materiales caros con que se construyeron el Tabernáculo y Templo de Jerusalén bajo el antiguo Pacto, los fieles son motivados a edificar y a remodelar sus templos para que cada vez sean más hermosos, más grandes y más lujosos ya que esto, no solamente agrada a Dios sino que lo ordena “a través de su enviado”.

El fiel de La Luz del Mundo tiene un apego enorme al templo de su localidad. En él se llevan a cabo las oraciones donde pone sus problemas en manos de Dios. La oración realizada ahí le consuela, le da esperanza, consuelo, aumenta su fe y afirma su confianza. El luzmundano está enseñado a orar con llanto y en voz alta. La catarsis de estos momentos es tanta y a veces confundida con la “paz de Dios” que el hermano o hermana no puede imaginarse sin la posibilidad de no asistir al templo de forma permanente. Es en el templo donde recibe el perdón de sus pecados a través del bautismo, donde sus hijos son presentados como parte de la Iglesia delante de Dios y donde recibe “la prenda del Espíritu Santo”.

También, el hecho de la vida social con sus hermanos esté relacionada con este espacio religioso y escuchar las predicaciones que ahí se llevan a cabo, son una fuerte razón para la importancia que le dan los hermanos LLDM a sus templos. Hay que anotar que esto se debe en gran parte a la herencia pentecostal de la IECE, la iglesia a la cual Aarón el fundador perteneció antes de fundar LLDM y de la cual apostató.

De hecho, los LLDM siempre fueron enseñados a orar mucho más en los templos que en sus propias casas. La mayoría de las familias reducen la formación espiritual de sus hijos a las reuniones en los templos, y no la realizan en sus hogares. Es claro que todo esto ha cambiado con la llegada del COVID 19 al mundo.

Un virus llegó y se abandonaron los templos

Exactamente así como está pasando en la pandemia de este año en el planeta entero: los enormes y elegantes templos mormones están vacíos. Las grandes y exquisitas catedrales católicas y ortodoxas en los cuatro continentes están desoladas. Las impresionantes mezquitas islámicas incluyendo la de La Meca han dejado de funcionar, así como todos los lugares de reunión colectiva de cualquier religión en el planeta. Y no podían faltar los templos naasonitas en los países donde se han establecido. Desde el “majestuoso” Templo Sede internacional hasta los ridículos templos de Phoenix, Tapachula y Cancún están vacíos. ¿Dónde quedó su utilidad? ¿La gloria de Dios está detenida? ¿Ha dejado Dios de escuchar las oraciones de los sinceros que no pueden orar en sus templos? Todos, grandes, pobres, ricos, cristianos, musulmanes o paganos están adorando a sus deidades en sus hogares, desde sus casas.

Entonces ¿para que sirvió tanto gasto, tanto sacrificio?

Solo para que al final aprendiéramos que Dios vive en nosotros y que Él no habita en templos hechos con manos de hombres. Basta cerrar nuestros ojos y dirigirnos con respeto para estar ante su Presencia de manera inmediata. Pero este conocimiento no ha sido por la pandemia, los cristianos lo hemos sabido desde siempre, pero un virus tenía que venir a recordarlo.

La contingencia que actualmente padecemos nos demuestra que la edificación de estos gigantes religiosos, obedece a los intereses de hombres soberbios, vanagloriosos, hinchados y amadores de sí mismos que NADA tienen que ver con Dios (2a de Timoteo 3.2).

Resumiendo

Dios no quiere, ni mucho menos ordena la construcción de templos a su grandeza como dice el naasonita Rubén Valencia en su escrito. En la historia de Israel solo hubo un templo, el de Jerusalén y fue edificado como figura del verdadero templo de Dios, Jesucristo. Las Escrituras nos dicen que, tiempo después que Él partiera a los cielos, envió al Consolador, el Espíritu Santo a morar en cada uno de los creyentes. Así, cada uno de ellos se convirtió en el verdadero templo espiritual, y Dios vino a morar, no entre ellos, sino en ellos.

Los cristianos antiguos adoraron en casas y predicaron por todos lados. Los cristianos modernos no buscan edificar grandes construcciones conocedores de la voluntad de Dios y solo edifican lugares de reunión modestos que sirvan para el propósito cristiano de congregarse, no de publicitarse. La edificación de templos enormes y lujosos fue en su origen una práctica católica, pero NO cristiana. También algunas ramas del protestantismo siguieron esta costumbre, así como muchas religiones actuales como el mormonismo y el luzmundanismo.

A los fieles de LLDM se les ha convencido de que las construcción de templos lujosos y grandes, es orden de Dios y una necesidad de la congregación. Pero es una gran mentira. Para que Dios acepte la adoración solo hacen falta dos creyentes y un corazón contrito y humillado. Eso es todo. Los cristianos no buscan armar congregaciones gigantes para edificar auditorios gigantes donde sea más fácil impactar a la competencia, aunque más difícil atender la grey. Lo que buscan los cristianos modernos más bien, es organizarse en congregaciones pequeñas donde se pueda atender mejor al rebaño espiritual.

Sin embargo, debemos recordar que para La Luz del Mundo son más importantes los números, la altura, el cupo de los templos, que la santidad de sus fieles.

Cuando una persona se decide a ser cristiano y aceptar a Jesucristo como su Salvador, no busca templos como los de LLDM –la gran mayoría esperpentos arquitectónicos–. Tampoco busca el lujo de los templos mormones (con distinta perspectiva), o auditorios donde caben multitudes como el de Cash Luna en Guatemala o el monumental Templo de la Iglesia Universal “Pare de Sufrir” en Sao Paulo, Brasil. Todos ellos, incluyendo al de la Hermosa Provincia, absolutos templos paganos dedicados a los dioses de este tiempo: el dinero, la codicia, el poder y la soberbia.

No te equivoques hermano de La Luz del Mundo, ni dejes que te engañen. Dios NO ordena templos a su grandeza. Si así fuera, todos los templos del mundo no podrían, sumados, lograr un monumento digno a Su Gloria, magnificencia y poderío. ¡Jamás!.

Nada se puede comparar a los cielos que Él creó, a los mares, a las montañas y a todo su universo. Absolutamente nada. ¡Vaya! el más grande templo luzmundano no puede igualarse a la belleza de los lirios del campo. No te engañes, Dios no quiere templos grandotes ni lujosos, lo que quiere él, es un corazón limpio:

Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.

Salmo 51:17

Hermano de La Luz del Mundo, DIOS NO QUIERE QUE LE CONSTRUYAS templos costosos a su gloria. Lo que quiere es la santidad en tu vida. Los lugares de reunión son necesarios para congregarnos y adorar a Dios motivándonos a perseverar. Pero la verdadera adoración es la santidad en nuestras vidas de manera permanente. Esa vida de santidad es la que brinda luz a los que nos ven, no las obras de civilidad que les han enseñado a hacer en estos últimos años. Los lugares de reunión cristianos deben ser modestos, como lo debe ser nuestra vida, y no hace falta que sean muy altos, ni muy lujosos o elegantes para que Dios reciba tu adoración. Te han estado mintiendo. Por favor, deja de gastar lo que pertenece a tu familia en lo que Dios, no solo no quiere, sino que no le agrada. Porque esas construcciones de las que tanto se enorgullecen los líderes de la iglesia a la que asistes, no son para agradar a Dios, sino para el orgullo, la gloria y la soberbia del que dice ser apóstol, pero NO lo es. Lo lamentable, es que también los fieles se contagian de esa soberbia.

A Naasón no le quedó más que invitarte a realizar lo que de por sí es una cualidad cristiana: somos templo del Espíritu de Dios. No es obligatorio que te reúnas en templos fastuosos, no hace falta reunirse a determinada hora para alabarle y cualquier hogar por modesto que sea, es adecuado para orar a Dios, porque lo que verdaderamente importa, no es lo físico, sino el templo espiritual que somos tú y yo por la Gracia de Jesucristo.

Ya no sigas los mandamientos de hombres y permite, que tu templo sea realmente dedicado a la gloria de Dios y consagrado de por vida para Él, más allá del membrete de temporada que significa para el naasonismo esta bella y sagrada frase: Santidad a Jesucristo.

  • MILCIADES GRANADOS MATA
    3 septiembre, 2020 at 21:26

    El templo de Salomón fue hecho para que Yahve- Jehová habitara en su oscuridad..1 Reyes 8:12,13..

  • Rosa Estrella
    7 octubre, 2020 at 14:53

    Los apóstoles solo transmitieron sus palabras a la gentes la gloria siempre la remitían a Dios nunca se hicieron alabar ni aceptaron culto religioso alguno para ellos, ni se colocaron tronos de rey, menos colocaron su propio nombre en los altares más que el nombre de su Señor y salvador Jesucristo, ni se enriqusieron egoístamente engañando a sus fieles para vivir en lujos delante de su gente pobre y despojada.
    Apóstoles fueron doce y les creemos a once porque judas era tesorero por eso todos los que quieren su oficio aman el dinero son falsos apóstoles hipócritas al estilo de judas

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