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La gente buena de La Luz del Mundo

Por Moisés de la Fuente B.

Así ustedes serán hijos de su Padre que está en el cielo; pues él hace que su sol salga sobre malos y buenos, y manda la lluvia sobre justos e injustos.
Mateo 5:45

Vivo en una colonia naasonita. Para donde quiera que camine o salga en al auto hay miembros de La Luz del Mundo y el templo no está muy lejos de casa y aunque ya no asisto a las oraciones algunos me siguen llamando “hermano”. La gran mayoría de colonos me mira de reojo, desvía la mirada cuando nos cruzamos por las calles o inclusive, los hay quienes me dedican un gesto de asco y desprecio cuando me miran. Yo solo sonrío, me he acostumbrado con el paso del tiempo.

Pero hoy quiero comentarles las cosas buenas de la gente buena, respetable, bonita y sincera que hay en La Luz del Mundo, obvio, no todo es malo ni inadecuado porque, por mucho que la secta no pueda por sus doctrinas transformar la vida de los hermanos, siempre habrá personas sinceras que aplican en sus vidas los consejos y mandamientos de Jescucristo, como el amor, el perdón, la bondad y la caridad entre otras tantas características cristianas.

Independientemente de que el lenguaje, la vestimenta y algunas costumbres hayan sido diseñadas (que no reveladas) para darle identidad al grupo como lo son unidad, cohesión y sentido de pertenencia, es bonito entrar a una colonia donde todos se conocen, todos se ven como “hermanos” y donde existe cierto apoyo comunitario entre ellos. No tan exagerado como la publicidad de la iglesia lo dice, por supuesto, pero sí la hay. De hecho, por ejemplo, hay hermanos ancianos que conocieron a mis padres, me vieron crecer y estuvieron presentes cuando “decidí” seguir el “camino de mis padres”. Inclusive cuando me bautizaron muchos de esos ancianos estaban ahí. Mis compañeros de generación conocen a mis hijos, los han visto crecer y yo he visto a los suyo. Es bueno mencionar también y los viajes a Guadalajara, las salidas a predicar, la militancia en el coro, mi apoyo como copastor y muchas actividades más permitieron que me ganara un lugar de respeto en la iglesia local y en varias localidades de la zona, inclusive, la confianza de muchos pastores muy conocidos.

Como secta, la Luz del Mundo genera en la mayoría de los hermanos hipocresía. Fieles más comprometidos con el nombre de la denominación, con verse bien ante la opinión pública que con verdaderos cristianos. Los consejos para ser buenos padres, buenos hijos, buenos amigos y esposos y aquellas exhortaciones para tener una vida santa que agrade a Dios son mero relleno de las doctrinas superlativas de la secta: las que la hagan más grande, más numerosa, más “triunfal y poderosa”. Por eso no creo que sea culpa de mis ex hermanos que la hipocresía sea característica esencial de sus vidas, como lo fue de la mía. Pero debo decirte que aún así, aunque abunda la hipocresía, hay muchos hermanos sinceros a los que hay que admirar. Fanáticos sí, pero mientras no les toques al ídolo son bellísimas personas que no tienen culpa de haber caído o nacido en una secta.

Hoy, al desayunar con mi familia en un local de hermanos, pudimos sentir la amabilidad, la cordialidad, las palabras sinceras y el gusto por volver a vernos con una hermana amiga mía que conocí desde la infancia. Ahí, en su local pudimos mutuamente ver a nuestros hijos ya grandes y compartir el gusto de tener familias estables. Y así es el recorrido en la colonia cuando voy a comprar algo a alguna tienda, o a cualquier servicio provisto por hermanos. Aquí quiero resaltar que todo esto se logra por varios factores: la cercanía por pertenecer a la misma religión, por la asistencia continua a los templos, por el control propio de los ministros sobre los miembros y porque dentro de las casas de oración se socializa, se comparte y se relacionan los fieles de manera constante. Cosa que no pasa en una colonia cualquiera aunque tenga colonos de mayoría católica, (aunque existan excepciones).

Cuando nos dicen que los naasonitas “se apoyan entre ellos”, imaginamos que cuando alguien enferma gravemente y no tiene los recursos todos lo apoyan económicamente, eso no es cierto; o si imaginamos, por ejemplo, que para un colado de la casa de un hermano todos los hermanos vecinos acuden a apoyar, tampoco es cierto, salvo algunas excepciones y eso, únicamente bajo las indicaciones de algún ministro. Los hermanos sí se unen, pero cuando es el interés del ministro y estrictamente para causas de la institución, no de forma particular. La limpieza de las colonias, los apoyos conseguidos del gobierno en temas de salud, equipamiento, servicios y otros responden más a que la secta se vea bien y que los recursos económicos más importantes se vayan a las arcas de la iglesia, que a beneficiar realmente a los hermanos.

El coro es una actividad que atrae la atención de los jóvenes. Para mí como padre siempre fue una ayuda y un privilegio que mis hijos acudieran porque esa actividad los mantenía lejos de los amigos “gentiles” que podrían conducirlos a tomar bebidas alcohólicas o a llevar una conducta inapropiada. Entre los hijos de los hermanos también hay quien consume alcohol y se droga, pero en general hay menos peligro entre hermanos que entre los jóvenes cuyas familias no conocemos. Hoy, puedo completamente comentarles que todo depende de la formación que les demos, porque aunque ya no asisten al coro, lo formado en ellos sigue dirigiéndolos en las decisiones que van tomando en la vida. En LLDM los padres no forman a los hijos, es la secta quien los forma, por eso es importante que todo padre forme a sus hijos tomando como un recurso la fe.

Saber que como familia compartimos una fe es algo que nos integra. Acudir todos a las oraciones nos daba una sensación de unidad, de alegría, de bienestar quesos cohesionaba. Platicar en la mesa qué nos pareció la dominical, cómo estuvo el servicio de alabanzas era pláticas realmente motivadoras y que nos unían. Cuando abandonamos la secta se hacían silencios difíciles de llenar, pero, descubrimos con el tiempo que habíamos descuidado otros aspectos de nosotros como parte de todos. Y. aunque la fe sigue siendo parte de nuestras pláticas, ahora nos escuchamos más de cómo nos va en el trabajo, en la escuela, en la vida y cómo nos sentimos, pero sobre todo, que la religión no controla nuestra existencia.

Agradezco a los buenos ministros (porque los hay), que realmente se preocuparon por mi familia, por los que me dieron buenos consejos y me ayudaron a creer espiritualmente hablando. Aunque la secta tenga otros propósitos distintos al cristianismo, usa la Biblia, te dan buenos consejos para ti y tu familia, afortunadamente algunos pudimos separar lo cristiano de lo sectario, (lo cual no nos hacía cristianos), pero, si logras despojarlos de lo legalista tienen efecto en tu vida. Y eso es lo que yo agradezco, pero por supuesto, todas estas cosas buenas no son privativas de LLDM, pude haberlas aprendido en una iglesia cristiana.

A veces extraño esas cosas buenas de la gente buena de La Luz del Mundo, aspectos que me gustaban mucho y que en muchos aspectos formaron el carácter de lo que hoy soy: la comunión entre fieles, la espiritualidad de los cultos, ahí aprendí a orar, a comunicarme con Dios (aunque también lo pude haber aprendido en otro lado), aprendí a leer la Biblia, a disfrutarla, a saber de Cristo (deformado por la idolatría de la “Elección”) pero que me sirvió para encontrar al verdadero. También desarrollé habilidades de liderazgo, de comunicación y algunas que ni siquiera sabía que poseía como la administración, la oratoria y la construcción, mismas que ampliaron mi desempeño profesional.

Sus cultos son bonitos, así, sin música instrumental (no dije que correctos), en ellos hay esa espiritualidad heredada del pentecostalismo (independientemente de los legalismos), se ve mucho orden, son bonitos los cantos del coro y, a pesar de ciertos elementos teatrales del mismo, siempre me gustaron las oraciones, las dominicales.

Esas son las cosas buenas de LLDM que me acompañarán hasta mi muerte y de las cuales no puedo renegar ni avergonzarme. Pero existen otras actividades religiosas que realicé dentro de la secta derivadas de las doctrinas deformadas del cristianismo que rigen el pensamiento de todo luzmundano, de las cuales sí me avergüenzo y daría lo que fuera por no haberlas llevado a cabo, pero que sobre todo, ellas fueron las razones por las cuales abandoné La Luz del Mundo para siempre.

De esas cosas “malas”, les platicaré la siguiente ocasión. Las cosas buenas no hacen a una SECTA buena.

Dios les bendiga.

P.D. Las prácticas sexuales y las doctrinas que que sostienen los abusos y pederastia, no son generalizadas, ya que son privativas del líder y de un grupo numeroso (pero pequeño en relación al grueso de la iglesia) cercano a él. La gran mayoría de los hermanos no tienen estas prácticas, son ajenos y no han sabido siquiera de ellas.

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